La tradición de considerar la lectura como un mero decodificado de sig­nos o como un traslado de la lengua escrita a la lengua oral hace difícil creer que los alumnos sean capaces de leer y escribir sin conocer necesariamente las letras. La preocupación se manifiesta constantemente y de muy diversa manera:

“¿Cómo es posible que los niños puedan leer si no saben aún las letras?”

“¿Cómo enseño a leer si no enseño primero todas las letras?

     De acuerdo con los nue­vos conocimientos que se tienen sobre la manera en que aprenden los alumnos y con la suma de diversas experiencias didácticas, se puede sos­tener que los estudiantes aprenden más y de mejor manera cuando el trabajo se centra en situaciones que permiten utilizar el lenguaje escrito con sentido y con propósitos y destinatarios reales.

     Estas situaciones en que leer y escribir tiene sentido son, en el progra­ma de estudios de Español 2009, los proyectos didácticos.

     La alfabetización no sólo se refiere al conocimiento del principio alfa­bético que subyace a nuestro sistema de escritura, sino también a los propósitos sociales y personales inherentes a su uso, a la adaptación que se hace del lenguaje para ser escrito, y al conocimiento de los recursos gráficos que facilitan la eficiencia comunicativa de la escritura (la pun­tuación, las variantes tipográficas, la distribución del texto en la página, el empleo de ilustraciones, la ortograf ía, etc.).

     Los alumnos, apenas co­mienzan a tener contacto con diferentes portadores textuales (libros, re­vistas, letreros, etc.), empiezan a plantearse hipótesis sobre cómo es el lenguaje que se escribe en diferentes tipos de texto y a hacer diferencia­ciones entre el lenguaje hablado y el escrito. La adquisición de la lengua escrita supone que los alumnos puedan poner a prueba estas hipótesis escribiendo, leyendo y confrontando lo que ellos leen o escriben con otras personas (niños y adultos). Por eso una de las funciones de los do­centes es generar situaciones diversas de lectura y escritura a lo largo del ciclo escolar.

     Cabe remarcar que los estudiantes incrementan su conocimiento so­bre los textos y el lenguaje que se emplea al escribir, al mismo tiempo que reflexionan sobre el sistema de escritura. […], no es necesario esperar a que los niños comprendan el principio alfabético para que comiencen a escribir textos propios. Con esta premisa fueron diseñados los proyectos didácticos de los programas para primero y segundo grado de primaria.

     A continuación se desglosa uno de los proyectos de primer grado con el fin de centrar la atención en los momentos en que los alumnos pueden apropiarse de algunos aspectos del sistema de escritura.

     Se trata del proyecto: “recomendar por escrito un cuento a otros alumnos” del primer bloque del ámbito literatura. El proyecto bloque de actividades establece lo siguiente:


Hojean libros de cuentos y eligen los que serán leídos en voz alta a lo largo del bimestre

En equipos, los alumnos exploran libros de cuentos y eligen uno.

• Enseñan su cuento a otros y platican sobre lo que les interesó del libro.

• Dictan al docente los títulos de los libros elegidos; éste escribe frente a los alumnos en una hoja de rotafolio.

• El docente lee los títulos de cada libro seleccionado.

• Leen en conjunto los títulos, centrando la atención en sus propie­dades: número de palabras, letra inicial, letras finales. Identifican qué dice en cada parte de cada título, haciendo correspondencia entre lo oral y lo escrito.

• Cada alumno copia el título que escogió, fijándose en la lista. Hace un dibujo que le permita recordar el nombre.

     Las dos primeras actividades se centran básicamente en la interac­ción oral entre los alumnos y en la manipulación de los materiales escri­tos, y aunque no se indique explícitamente y no se establezca una inter­vención específica por parte del docente, es probable que los estudiantes, por sus conocimientos previos, identifiquen algunas palabras o letras contenidas en los libros que están utilizando.


Dictan al docente los títulos de los libros elegidos; éste escribe frente a los alumnos en una hoja de rotafolio.

     Sin embargo, en la tercera actividad, los estudiantes se encuentran con la necesidad de dictar al docente el título del libro que han elegido. Esta parte del proyecto implica que los alumnos le dicten al maestro el título correcto del libro que les corresponde, lo cual obliga a que ellos se cen­tren en las palabras que lo conforman.

     Ya sea que el docente les haya dicho directamente (mientras recorría los equipos) el título del libro o bien que les haya ayudado a inferirlo con base en las ilustraciones y el conocimiento de algunas letras, los alumnos tendrán elemento para mencionar el título y podrán ver cómo éste se re­produce por la mano del maestro en la hoja de rotafolio que está a la vista de todos. Los estudiantes podrán incluso comparar lo que ha escrito el profesor con lo que dice la portada del libro, descubriendo algunas pro­piedades de las palabras escritas, es decir aprendiendo a leer.

     En esta misma actividad el docente habrá de escribir no sólo un título, sino uno por cada uno de los equipos que se hayan integrado en el inicio de este proyecto. De esta forma, los alumnos estarán observando la es­critura de varios títulos y tendrán la oportunidad de establecer semejan­zas y diferencias entre las formas de escritura.

     En esta parte es de vital importancia que el docente exprese lo que piensa cuando escribe, es decir que al escribir mencione lo que está es­cribiendo, pero además que diga en voz alta lo que piensa cuando tome una decisión sobre la escritura: si lleva mayúscula o no, acento o no.


El docente lee los títulos de cada libro seleccionado

     Para cerciorarse de que ha escrito todos y bien cada uno de los títulos dic­tados por los alumnos (que es una estrategia de escritura: la relectura) el docente leerá en voz alta toda la lista de libros elegidos por los estudiantes.

     Esta estrategia de verificación tiene además el propósito de mostrar a los alumnos cómo se leen las palabras escritas, de manera que en esta lectura él vaya identificando algunas palabras o letras que se requieren para escribir ciertos títulos.

     Es de esperarse que algunos alumnos, con mayor conocimiento de la lengua escrita, incluso ayuden de manera espontánea al maestro en la lectura de los títulos. Esta lectura compartida, en voz alta, servirá para afianzar los conocimientos de los estudiantes más avanzados y permitirá que otros empiecen a conocer algunas palabras y letras.


Leen en conjunto los títulos, centrando la atención en sus propiedades.

     Como una forma de ir favoreciendo que los estudiantes aprendan las ca­racterísticas del sistema de escritura pero sin que las actividades del pro­yecto pierdan su sentido comunicativo, es la actividad en que el docente guía a los alumnos en la lectura de los títulos de los libros seleccionados: les pide se fijen en el número de palabras (y seguramente les ayuda a con­tar), en la letra inicial (y habrá de pedirles que recuerden letras que cono­cen, tal vez la del nombre de cada uno), en letras finales (fijándose tam­bién en los nombres o en algunos letreros que hay en el salón); les pedirá que identifiquen qué dice en cada parte de cada título, haciendo corres­ pondencia entre lo oral y lo escrito (en esta parte se requerirá hacer la pregunta más adecuada en el momento más oportuno).

     Como puede observarse, ésta es una actividad de lectura que atiende a una de las principales preocupaciones docentes: el aprendizaje de las palabras, de los sonidos y de las letras. Sin embargo debe tomarse en cuenta que ésta no es una acción aislada, pues es un paso necesario en el desarrollo del proyecto, además de interesante. Los alumnos necesitan saber qué títulos habrán de leer durante los días venideros como parte de proyecto y necesitan identificarlos para proponerlos o llevar un registro.

     En algunos casos se logra (así lo han expresado algunos docentes de ciertos contextos) que los alumnos al término de esta actividad logren leer cada uno de los títulos de los libros seleccionados.


Cada alumno copia el título que escogió, fijándose en la lista.

     Siendo que cada equipo eligió un título, éste se convierte en el “libro del equipo”, lo que suma importancia para que los alumnos no lo pierdan de vista; de esta manera, este bloque de actividades remata pidiendo a los estudiantes que copien el título del texto que han elegido, con el fin de que recuerden cuál es (didácticamente esto refuerza el conocimiento de las palabras y letras que lo conforman). Además, utilizar un dibujo que le permita al alumno recordar el título es una estrategia que le ayudará a asociar y recordar más fácilmente lo escrito.

     Con actividades de este tipo (con un propósito comunicativo claro y con un fin didáctico enfocado al aprendizaje de la lengua escrita y del sistema de escritura) están estructurados los proyectos de los programas de Español para primero y segundo grados.

     Para que el docente puede ayudar a que los niños aprendan a leer y escribir debe identificar las intenciones de cada una de las actividades y debe estar atento a las interacciones de los niños con la lengua escrita, a fin de que pueda realizar la intervención más eficiente: la pregunta más adecuada, el énfasis más acertado, proporcionar la información más oportuna; en suma, saber aprovechar los intereses, las inquietudes y las errores auténticos de los alumnos para convertirlas en oportunidades de aprendizaje.
 
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